Los astronautas estadounidenses Barry Wilmore y Sunita Williams finalmente rompieron el silencio luego de su regreso a la Tierra. La misión que debía durar poco más de una semana se convirtió en una prolongada estadía de nueve meses a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI), lo que generó especulaciones y rumores en todo el mundo. Pero ellos lo tienen claro: “No estábamos atrapados”, dijeron.
La pareja de astronautas formaba parte de la tripulación de prueba de la nave Starliner, desarrollada por Boeing en colaboración con la NASA. Su objetivo original era realizar una misión corta para validar el funcionamiento del vehículo espacial. Sin embargo, inconvenientes técnicos con la nave retrasaron su retorno repetidamente.
Durante su primera comparecencia pública tras su regreso, Wilmore y Williams compartieron detalles sobre la vida cotidiana en el espacio durante esos largos meses: el impacto psicológico, el esfuerzo por mantener la rutina y las múltiples tareas científicas que pudieron realizar mientras esperaban una solución desde la Tierra.
“Nunca sentimos que estábamos en peligro. Teníamos comunicación constante con la NASA y sabíamos que el equipo estaba trabajando para garantizar nuestro regreso seguro”, expresó Williams.
La situación también sirvió como una prueba extrema para la Starliner, que enfrentó fallas en su sistema de propulsión y fugas menores, lo que obligó a los ingenieros a realizar evaluaciones minuciosas antes de autorizar el retorno.
Pese al retraso, ambos astronautas regresaron en buen estado de salud y con el humor intacto. Aseguran que la experiencia, aunque inesperada, les permitió fortalecer su vínculo con la estación y con la ciencia detrás de cada día en órbita.