En los últimos tiempos, Panamá ha enfrentado una serie de desafíos que ponen a prueba no solo la capacidad de gestión de sus gobernantes, sino también su verdadero compromiso con el pueblo. La pregunta que muchos nos hacemos es clara: ¿Nuestros líderes están para guiar con transparencia y diálogo o para imponer su voluntad sin consenso?
La realidad que nos golpea
No es secreto que el país atraviesa múltiples crisis simultáneas:
La CSS y su reforma, un tema sensible que afecta a miles de panameños.
La mina y su polémica, vista por algunos como única salida económica, pero que divide opiniones.
La inseguridad ciudadana, que crece junto con el desempleo (ya en un 11%).
Los procesos judiciales contra el expresidente Martinelli y la sombra de la impunidad que aún persiste.
La deuda pública, que roza los 53 mil millones de dólares, y una canasta básica cada vez más inalcanzable.
Las tensiones con EE.UU., desde los aranceles del 10% hasta las insinuaciones de Trump sobre el Canal.
Ante este panorama, ¿qué debe primar: la imposición o el liderazgo conciliador?

Propuestas para un camino claro
Transparencia real. No basta con informar; hay que demostrar con hechos. El pueblo exige ver resultados concretos en inversión social, lucha contra la corrupción y manejo responsable de los impuestos.
Certeza en la justicia. Que nadie, ni expresidentes ni funcionarios, quede impune. La ley debe aplicarse sin excepciones para recuperar la confianza en el sistema.
Diálogo, no imposición. Las decisiones trascendentales (como la minera o reformas fiscales) deben consultarse mediante plebiscitos o mecanismos participativos. Gobernar no es mandar; es escuchar y construir consensos.
Negociar con firmeza, pero sin soberbia. EE. UU. es un aliado clave, pero Panamá no es un peón. Debemos defender nuestros intereses con inteligencia, recordando que el Canal nos da relevancia geopolítica.
Comunicación clara y acciones coherentes. La demagogia y la arrogancia solo generan más caos. Un líder verdadero explica, convence y actúa con humildad y pragmatismo.
Conclusión: Liderar es servir, no someter
Panamá no necesita más autoritarismo disfrazado de firmeza, sino gobernantes que unifiquen, que prioricen el bien común sobre intereses particulares y que entiendan que la estabilidad se logra con justicia, diálogo y transparencia.
El momento exige menos ego y más patria. ¿Están nuestros mandatarios a la altura?